El Imaginarium de Walter Solar - Capítulo V









Nos separamos de Tolin luego de escuchar sus consejos para el viaje y comenzamos con el descenso para llegar a la biblioteca. Veo a Árcapas más relajado y confiado que antes, mientras camina apoyando su viejo báculo de madera cada tanto, para evitar caer al pisar en los escalones más desgastados. Como si este nuevo destino fuera de su agrado, distinto a lo que fue vagar por el laberinto, donde se lo veía tenso y preocupado. La escalera tiene aroma a encierro, las paredes están húmedas y ennegrecidas. Se encuentra iluminada cada tanto por pequeñas lámparas de aceite. Mientras bajamos recuerdo las explicaciones de Tolin antes de separarnos. 
   —Eden te explicaré tres reglas que rigen este sitio. Deberás asegurarse de entenderlas y respetarlas. Primero:  una vez cruzado el portal no hay vuelta atrás. No importa que intentes volver a pasar por el portal en sentido contrario. Seguirás allí hasta lograr llegar a la biblioteca. Segundo: cuando llegues un centinela te guiará para encontrar el sector donde se encuentra el libro destinado a ti. Árcapas puede acompañarte sólo como tu guía, aunque no puede interferir bajo ninguna circunstancia. Una vez encontrado el libro debes asegurarte de leerlo y comprenderlo. Tercero y último: para entender la tercera y última regla debes saber antes que la biblioteca es un ser vivo, con conciencia y sabiduría. Luego de leer el libro deberás buscar un portal de salida. Del otro lado te esperará una prueba. Esta es desconocida para todos y no existe forma de alguien pueda conocerla de antemano. Ya que es decidida por la misma biblioteca. Cualquiera sea la prueba, deberás pasarla para seguir adelante con tu búsqueda. Esto es cuando puedo contarte. Yo digo.  
   Pienso en las palabras de Tolin mientras bajamos la escalera, hasta que logramos pisar el último escalón de piedra. Con nuestras piernas entumecidas salimos a un angosto corredor trasversal a la escalera. Aquí estamos entre un muro a un lado y una baranda de madera del otro. Giro mi cabeza hacia ambos lados y puedo ver que el corredor se pierde en ambas direcciones en la oscuridad. 
   Doy un paso aferrándome a la vieja baranda de madera y siento como el vértigo me invade. Me enfrento a una visión sobrecogedora. Ante nosotros se extiende una biblioteca que parece infinita. Un ancestral mundo de estanterías repletas de libros que se elevaban desde un suelo que se encuentra muy por debajo de nosotros. Y crecen hacia un techo que puede verse a gran altura. Árcapas está a mi lado viendo lo mismo que yo. Aunque intuyo por su rostro impasible, que no es la primera vez que lo presencia. 
   Toda dimensión existente en esta cámara es difícil de medir y todo extremo se pierde sin que parezca existir pared alguna. Puedo ver que la estructura y arquitectura del lugar es la misma a la de la sala de Tolin, que abandonamos del otro lado de la escalera. Se aprecian las mismas columnas, los mismos techos abovedados y cúpulas. Decoradas con los mismos patrones de formas y colores. Pero esta enorme sala sembrada de infinitas columnas, se encuentra por completo saturada de volúmenes. Todo iluminado por la luz que pasa a través de las ventanas en los techos.
   Desde donde estoy me pregunto como se podrá llegar a los estantes más altos, ya que no se ven escaleras para alcanzarlas. Hasta que puedo ver pequeñas sombras entre las estanterías flotando sobre el vacío. Seres que con lentos movimientos parecen buscar entre viejos volúmenes. Esto me da una rápida respuesta. No se necesitan escaleras donde se puede flotar y volar. Es algo que Tolin no me contó. No puedo esperar para intentar volar allí, aunque antes debo encontrar a un centinela que nos guié. Tolin me contó que los centinelas son los únicos con la autoridad para permitir acceder a los libros. Existen desde que la biblioteca fue creada en tiempos inmemoriales.  
   Caminamos hacia la derecha por el oscuro corredor que se encuentra suspendido en lo alto de la gran sala. Nos aferramos a la vieja baranda de madera que tenemos a nuestra izquierda. Luego de caminar un largo trecho guiado por Árcapas llegamos a una puerta. Está se encuentra enclavada sobre la roca del muro a nuestra derecha. Cruzamos la puerta y pasamos por debajo de una  alta arcada de piedra con unas inscripciones, que me parecen las mismas que vi escritas en el portal de entrada a la escalera.
   Caminamos por un oscuro pasillo hasta llegar al primer escalón de otra larga escalera. Esta es también de piedra, aunque en forma de espiral. Bajamos por ella hasta un pequeño recinto. Dentro de este sólo hay un escritorio y una silla de madera oscura y tallada. Sentado al escritorio se encuentra un ser de espaldas a nosotros. Está cubierto con un manto oscuro, con la cabeza inclinada sobre unos papeles. Nos acercamos hasta estar de frente a él, pero sin poder verle la cara. Tiene una capucha tapándole por completo el rostro. Escribe con una larga pluma blanca inclinado sobre un montón de hojas y libros, diseminados sobre su escritorio. 
    —¿A qué vienen? —Dice sin mirarnos y sin dejar de escribir. Hablando de forma lenta con voz cavernosa y oscura.
   —Para acceder a la biblioteca. Tolin nos ha permitido pasar.
Le dice Árcapas.
   —¿Cuál es su propósito aquí? Debo saberlo antes de dejarles pasar a la gran sala.
   —El se llama Eden y es un viajero en busca de respuestas, mi nombres es Árcapas y vengo como su guía. 
   —¿Cómo saben que podrán encontrar las respuestas que están buscando aquí? La sala tiene una extensión inconmensurable. Podrían estar buscando una eternidad, sin siquiera acercarse a lo que buscan.
   —Ya he estado aquí antes y conozco las reglas del lugar— Le dice Árcapas.
   —¿Viniste ya antes como un guía? 
   —Si, aunque la primera lo hice como viajero.
   —Si fuiste viajero alguna vez y lograste salir de aquí, deberías haber encontrado tu destino. ¿Por qué volver luego como guía?  
   Árcapas se queda un instante pensando.
   —Porque para mí estaba claro que mi destino era volver a lugares como esta biblioteca. 
   —Esa es una respuesta acertada. Si me siguen los guiaré hacia la entrada a la sala. Yo seré su centinela. 
   Dijo esto levantando su capucha hacia nosotros y dejando ver que no hay nada bajo esta. Es apenas un ropaje vacío del que sólo sale su voz. Al mirar la mano que sostenía la pluma blanca puedo ver sólo huesos grises y gastados. Bajo el manto oscuro con capucha con el que viste no existe cuerpos alguno. Son sólo unos pocos huesos y un espíritu sin rostro, el resto de él parece haberse convertido en cenizas hace ya bastante tiempo.
   Con calma y movimientos muy lentos el centinela deja la pluma a un lado, se levanta de su silla y se dirige hacia una puerta de madera cerrada que se encuentra en el extremo contrario por el que entramos con Árcapas al recinto. Veo que al moverse flota con sus ropas rasgadas a pocos centímetros del suelo, no existen pies bajo de él. Abre la puerta y nos dice que lo sigamos.
   Al atravesar la puerta entramos a la biblioteca. Ahora camino sobre su piso de gastado mármol oscuro. Desde aquí puedo ver donde nacen las altas estanterías. Estas se elevan hacia arriba como altos pinos en busca de la luz del sol. Caminamos entre ellas detrás del centinela, a nuestro alrededor hay otros visitantes que caminan, flotan y recorren los pasillos. Levitan en libertad, como si pudieran manipular la gravedad a voluntad dentro de este recinto. Veo a algunos suspendidos en el aire, absortos en la lectura de viejos volúmenes. 
   Seguimos a nuestro nuevo guía caminando dentro de lo que parece un laberinto, hasta llegar a un pasillo sin salida. Las tres estanterías a nuestro alrededor están cubiertas por completo de libros. Al detenernos el centinela vuelva a hablarnos.
   —Este es el lugar Eden, aquí debes poder encontrar las respuestas que buscas. 
   —¿Cómo seré capaz de encontrar algo, sin saber que es lo que estoy buscando en realidad?
Le pregunto con ansiedad, viendo la gran cantidad de volúmenes a nuestro alrededor. 
   —Tolin te habrá advertido de que la biblioteca es un ser consciente.
   —Si, me lo dijo. 
   —Pues sólo la biblioteca conoce el libro correcto, así como también sólo ella conoce la prueba que deberás seguir después. 
   —Entiendo.
   —Por lo que te recomiendo que comiences a buscar cuanto antes, este tipo de búsquedas pueden durar varios días, semanas, y hasta meses. Dependiendo de la habilidad del que busca. 
   —¿Meses?
   —Los que no lo logran suelen desistir y marcharse, o deambulan perdidos entre los pasillos por siempre ¿Han traído algo que comer?
   Árcapas le señala su mochila y le contesta.
   —Todavía tenemos raciones para algunas semanas más si sabemos cuidarlas. 
   —Si salen de este pasillo y caminan hacia la derecha encontraran una sala de descanso con mesas, sillas y camastros. Donde podrán leer los volúmenes, comer, descansar. Hay baños y agua fresca. Sólo allí se permite comer y descansar. Si se los encuentra haciéndolo fuera de esos lugares serán expulsados del recinto. ¿Está claro?
   Los dos asentimos.
   —No teniendo nada más que agregar, les deseo suerte en su búsqueda, espero que sea lo más corta posible. 
   —¿Puedo preguntarte algo?— Le digo al centinela.
   —Adelante.
   —¿Qué dicen las inscripciones que pude ver en la alta arcada de piedra cerca de tu recinto y en el portal de entrada a la escalera donde nos separamos  de Tolin?
   —Es una pregunta acertada Eden. Allí dice en lengua ancestral: "Si viajas en busca de respuestas, eres bienvenido a encontrarlas aquí". 
   El centinela se estaba dando la vuelta para marcharse cuando volvió a girar hacia mí y me pregunta: Dime algo Eden. ¿Cuál es tu primer recuerdo desde que llegaste a este mundo?
   —Aparecí tirado en la arena de un desierto, rodeado por montañas. ¿Por qué me preguntas? ¿Qué puede cambiar eso?
   —¿No tienes recuerdos anteriores al desierto?
   —No, apenas algunas corazonadas, aunque ningún recuerdo.
   —Por lo tanto Eden no ha sido siempre tu nombre, ya que no lo deberías recordar.
   Dudo antes de contestar, pero que sentido podría tener mentirle a esta altura.
   —Así es, me puse ese nombre al llegar, no recuerdo mi verdadero nombre.
   —No te preocupes, nadie lo recuerda cuando llegan aquí. Aunque no todos aparecen en el desierto. Si fuera tú, comenzaría a buscar en los estantes de arriba a tu derecha.
   Diciendo esto último, se da media vuelta y desaparece al girar en la primera esquina. Al quedarnos solos con Árcapas nos disponemos a buscar el tomo que parece, definirá mi destino. Los hay de distintos tamaños, grosores, colores, más o menos gastados. Todos tienen cubiertas de cuero y noto que ninguno tiene escrituras en sus lomos. Al sacar uno del estante, veo que no existe nada grabado o escrito en toda su cubierta.
   —Árcapas, estos libros no tienen ningún nombre o grabado en el exterior. ¿Cómo puede uno reconocerlos?
   —Eso no es todo. Si los abres verás que tampoco tienen título, indices, capítulos, prólogos, epígrafes, epílogos, nada de eso. 
No pudiendo creer esto último abro el libro en mis manos y lo examino desde su inicio, sólo para reconocer que lo que dice Árcapas es cierto. Sólo son hojas tras hojas de escritura sin fin. Sin sección o división alguna.  
No perdamos más tiempo Eden debes volar a los estantes  más altos de tu derecha como dijo el centinela. Te ha dado una valiosa ayuda, no desperdiciemos más tiempo y comencemos a buscar.
   —Tienes razón. Pero no necesitas seguir llamándome Eden. Ya escuchaste que ese no es mi verdadero nombre. 
   —Pues lo es para mí viajero. Todos llegamos a estos paramos perdidos sin saber nuestros nombres, ni de donde diablos provenimos. Yo tampoco recordaba mi nombre y fue mi guía quien me llamó Árcapas por primera vez.  
   —Entonces sabías que no me llamaba Eden cuando te lo dije la primera vez en la catedral.
   —Que importaba que nombre tenías antes de llegar allí. Tú ya habías decidido tu nombre al decírmelo y eso es lo único que importa. Para mí eres Eden y punto. 
Estas palabras suenan fuerte en mi interior y me siento más Eden que nunca
   —Ahora no perdamos más tiempo y a buscar.
   —Pero no se como volar a los estantes  más altos.
   —Nadie lo sabe hasta que lo hace. ¡Sólo inténtalo! 
   Hago un torpe intento saltando y al instante estoy flotando a unos centímetros del suelo. Luego me impulso más alto y sigo subiendo y subiendo, cuando miro hacia abajo veo que ya estoy flotando a varios metros de altura. 
   —Muy bien Eden. Ya voy contigo. 
   Veo como Árcapas se eleva con gracia y dominio hasta donde estoy. Se nota que no es la primera vez que lo intenta.  
   —¿Tienes algún consejo para agregar al que nos dio el centinela? —Le pregunto.
   —Yo te aconsejaría que tomemos todo tipo de libros para comenzar, pero concentrándonos en los tomos más pequeños. Según mi experiencia suelen tener los datos más importantes y las mejores historias. Como dicen: “Lo bueno si breve, dos veces bueno”.
   —Por que no me hablaste de tus anteriores visitas a este lugar antes de llegar aquí.
   —Eden creo que hablar de mis viajes anteriores no sería lo más indicado. 
   —He querido preguntarte de ellos desde que los mencionaste, aunque no he tenido el valor.
   —No hay demasiado que decir. Cada caso es distinto, cada viaje es distinto, y si te comparara con otros viajeros no haría más que confundirte. Creo que no te ayudaría en lo más mínimo. Créeme que te he guiado y lo seguiré haciendo, poniendo toda mi experiencia a tu servicio. Pero hacer un buen trabajo es saber que hacer y que no. En mi experiencia lo que no suma, resta.
   —Entiendo, y puedes estar seguro de que confió en que haces lo mejor.
   —Gracias, escuchar eso es agradable.
   Le hago caso y dando torpes pasos en el aire me deslizo tomándome de los bordes de las estanterías. 
   —Eden tu comienza por la izquierda, en la parte más alta. Dirigiéndote hacia abajo como si estuvieras leyendo un libro. Yo lo haré en sentido inverso desde mitad de altura hacia arriba. Elijamos unos cuantos tomos para llevar a la sala de descanso y poder examinarlos con cuidado.      
   Me impulso hacia arriba de forma irregular y siempre tomado de los bordes de los estantes. Miro hacia el final de esta torre que parece estar a un mundo de distancia. Llego exhausto y feliz al último estante. Me siento sobre la parte superior y miro a mi alrededor la biblioteca en todo su esplendor. Desde aquí arriba se puede apreciar el inconmensurable laberinto que forman las estanterías en todas las direcciones. Un interminable mar entre las altas columna que soportan los techos y cúpulas. 
   Luego de un rato de apreciar la vista, recupero al aire y me dispongo a comenzar mi búsqueda en las alturas. Al mirar hacia abajo los seres que caminan por los pasillos parecen hormigas y siento un profundo vértigo. Decido no mirar más y concentrarme en elegir algunos tomos para llevar a la sala de descanso.  
   Los miro uno a uno desde el extremo superior izquierdo, recorriendo el pasillo de unos cuarenta metros de largo, para luego seguir por el siguiente estante de abajo y repetir el proceso. Al principio no descarto los volúmenes más gruesos, y aunque me concentro en los más pequeños como me dijo Árcapas, tomo de todo un poco para hacer un reconocimiento inicial. Los voy tomando y los meto en mi bolso. Apenas lo abro me doy cuenta de que no miro en su interior desde hace días, cuando veo el porta-retrato con la madre y su hijo. Como quisiera tener alguien que me mire como ella lo mira a él. Sigo tomando libros y los meto en mi bolso hasta que lo lleno. Luego bajo donde está Árcapas.     
   —Ya tengo el bolso lleno, voy a la sala de descanso. 
   —Yo también llené mi mochila, vamos.
   Seguimos las indicaciones del centinela y llegamos a la sala de descanso que se encuentra a la derecha de nuestro pasillo. Allí no hay ningún otro ser. Estamos solos por ahora. Los dos vaciamos nuestras bolsas y acomodamos los tomos que hemos recolectado. Los vamos leyendo uno a uno. Intentando encontrar una pista que nos diga algo. 
   Los textos que tenemos sobre la mesa contienen lo que parece ser una larga reflexión contenida dentro de un gran libro infinito, del que cada tomo es una parte, sin orden, sin pausa, son estructura, sin reglas. Pasando mi mirada de uno en otro leo de los temas más distintos y dispares. Poesía, botánica,  ficción,  anatomía, geología,  fantasía, ciencia, filosofía, psicología, biografías, hasta narraciones góticas. Se notan los distintos autores, que derraman sobre esas hojas su sabiduría centenaria, con distintas voces, tonos y perspectivas.  
   Así vamos apartando los que creemos que aportan algo y descartando aquellos que no. Repetimos las visitas a los estantes y llevamos tomos a la sala de lectura interminables veces con Árcapas. Cuando tenemos hambre comemos, cuando tenemos sueño dormimos. Hay camastros empotrados en las paredes de la sala. Notamos el paso del día por la luz del sol que entra por las ventanas en los techo. Cuando es de noche descansamos o seguimos leyendo con las lámparas que hay en la sala de descanso. Durante la noche no podemos seguir buscando ya que los estantes permanecen solitarios y a oscuras. 
   Pasamos aquí día tras día. Me veo entre textos de todo tipo buscando mis respuestas, pero también conociendo los interrogantes que otros se han planteado antes de mí. 
   Vivo múltiples vidas, que duran el tiempo que tardo en leerlas Por momentos soy rey o esclavo, héroe o traidor, amigo o verdugo, pensador o dictador. En un momento leo una frase que me deja pensando. Esta dice: “Ninguno tiene todas las respuestas, ni conoce todos los caminos. Cada uno tiene apenas un pequeño trozo de mapa, de este misterioso e indescifrable universo”. 
   Uno lleno de constelaciones enteras de creaciones, con un tiempo demasiado limitado para conseguir admirar las suficientes. Vivo vidas en armonía y otras en conflicto. Algunas fluyen por el mundo como las serenas aguas de un arroyo. Otras se chocan y friccionan día y noche sin pausa, con todo lo que existe a su alrededor. 
   Conozco a quienes se sienten dueños de su destino, otros que son sólo rehenes de las circunstancias. Algunos son semillas que caen en tierras fértiles y crecen, otros caen sobre la roca y se secan para nunca dar frutos. Lo que es una gran tragedia, porque de ellos nunca se sabrá de que hubieran sido capaces si hubieran logrado florecer. 
   Aprendo como dentro de un sólo ser se pueden debatir dos mundos en conflicto. Dos fuerzas en un choque constante, como dos mentes que pelean por dominarse una a la otra. Lucha que es en parte un motor, porque pareciera que en algunos casos, sin conflicto no pudiera existir la creación. 
   Hasta que de todo ese mundo de palabras extraigo un pensamiento, uno que parecería uno más de los que han fluido durante estos días como gotas dentro de un océano. Pero este no es un pensamiento más. Es una certeza, una revelación, una verdad indiscutible desde el momento en que nace dentro de mi ser. Entonces entiendo que al fin encontré la respuesta a lo que estoy buscando.