El Imaginarium de Walter Solar - Capítulo VI










Luego de varios días de vagar por este mundo de libros descubro el acertijo que guarda este lugar. Entiendo que la biblioteca se rige por la intuición como única herramienta para poder buscar en su interior. Si bien todos esos tomos leídos me han sido de ayuda, lo que busco no está en estas páginas. Ellas sirven de guía, son parte del mapa, pero mi búsqueda debe continuar más allá de estos pasillos. Algo me dice que debo seguir mi propio camino, hacia el descubrimiento final de quien soy. 
    Cierro la tapa del último libro que leía mientras recibí la revelación. Vuelvo de la sala de lectura hacia las estanterías. Al terminar de colocar el tomo en su lugar algo se mueve en el extremo del pasillo. Las estanterías del fondo comienzan de forma lenta a abrirse hacia los lados dejando en medio una abertura. Recuerdo lo dicho por Tolin. Cuando mencionó que la biblioteca es un ser vivo, con conciencia y sabiduría. Que después de leer debería buscar la salida y que del otro lado me esperaría una prueba. 
    Llamo a Árcapas que seguía leyendo en la sala. Él se me acerca y puedo ver en sus ojos la misma sorpresa que me causó a mí ver la abertura entre los estantes. El portal ocupa todo el ancho del pasillo, dentro de este sólo hay oscuridad. 
    —Lo has logrado Eden. Cruzaremos este portal para seguir adelante. ¿Estás listo?
    —Si. Juntemos todo y vamos.
    Ambos volvimos a la sala y reunimos nuestras pertenencias en nuestros bolsos. Luego caminamos de forma lenta a través del portal sumergiéndonos en su oscuridad. Él camina junto a mí con su viejo báculo de madera. Del otro lado veo una luna llena en un estrellado cielo nocturno. 
    Nos encontramos en la azotea de un edificio en medio de una gran ciudad. Siento el viento soplar y helarme la cara. Escucho los sonidos del trafico de las calles abajo. Me acerco a una baja pared que rodea la azotea y veo que estamos a gran altura. Las luces de la ciudad se extienden hasta perderse en el horizonte. 
    En una de las esquinas de la azotea veo una figura oscura que parece una gran gárgola. Me le acerco sin pensar en consecuencias. Al llegar más cerca puedo sentir como la oscura figura respira de manera profunda. Veo su perfil iluminado por la luna, mitad hombre, mitad animal. Un gran pájaro con alas en su espalda. Un oscuro y áspero rostro con facciones humanas. Su cuerpo cubierto de la textura de la piedra oscura y gastada. 
    —Hay una linda vista desde aquí. ¿No te parece?
    Pronuncia estas palabras con voz grave y calma, sin girar a verme. Yo permanezco en silencio. El sigue hablando sin esperar una respuesta.
    —Disfruto de estos momentos. Los atardeceres y las noches de cielo estrellado desde las cornisas más altas de la ciudad. 
    Hace una pausa mientras mira al horizonte.
    —Existen pocos espectáculos más hermosos para mi viejo espíritu, que el presenciar la majestuosa ceremonia del sol ocultándose y trayendo el manto de la noche tras de sí.
Gira su cabeza y fija su mirada en mis ojos.
    —Eden, me alegra que volvamos a encontrarnos. 
    —¿Quién eres?
Digo estas palabras sintiendo frío y temblor en mis piernas. 
No temas, tu no me recuerdas pero ya has estado conmigo antes. 
No recuerdo casi nada de mi vida. Si sabes algo me ayudaría el que me lo dijeras. 
Estoy aquí para ayudarte. Déjame explicarte. 
    El gran hombre pájaro baja de la pared y se arrodilla en el piso de la azotea. Le hace una seña a Árcapas para que se acerque y nos pide que nos sentemos. Una vez que los tres estamos sentados, extiende una de sus alas y la pasa por sobre el espacio entre nosotros. Debajo aparece un fuego alimentado por gruesos leños. Luego me mira y me habla. 
    —Eden mi nombre es Aedus, Árcapas ya me conoce, soy un antiguo ser de los tiempos remotos. Somos quienes rescatan a las almas perdidas del mundo real y las llevamos a los mundos de la suprarrealidad. Árcapas y otros guías nos han ayudado por milenios. Juntos hacemos que los seres perdidos puedan seguir adelante con su existencia sin caer en la infrarrealidad, de donde ya no podrían ser recatados.
    Luego mira en mis ojos y me habla como si pudiera ver mi alma.  
    —Tenías otro nombre cuando te conocí. Te rescaté y dejé en el desierto para que siguieras adelante con tu travesía. Me alegro de que encontraras a Árcapas y pudieras atravesar los portales. 
    —¿Por qué me dejaste en el desierto si querías que vuelva a encontrarte? 
    —Yo no sabía que volveríamos a encontrarnos, podrías haber llegado a otro destino en vez de a este. “Ninguno tiene todas las respuestas, ni conoce todos los caminos...” .
    —Conozco esa frase, es parte de lo que leí en la biblioteca, tu no estabas allí ¿Cómo puedes conocerla?
    —Tu intuición te llevó por las páginas que te permitieron entender lo que la biblioteca quería decirte. 
    Escucho esto y siento que estuvieran jugando conmigo, me siento manipulado, algo se rompe dentro de mí, un dique que ya ha aguantado demasiado y mi cólera se desata.
    —¿Qué puede saber de mí esa biblioteca? ¿Y qué puedes saber tu de mí? ¿Por qué demonios no puedo recordar nada antes del desierto? ¿Podrías por favor explicármelo? 
    —Tu vivías en el mundo de la realidad, pero tu vida llegó a su fin. Corrías riesgo de caer en las tinieblas de la infrarrealidad, por eso te encontré y rescaté tu alma. Quien fuiste antes ya no importa, esa vida ya terminó y no necesitas tener recuerdo de ella. Tu existencia continua y estamos aquí para ayudarte a seguir adelante.  
    Esas palabras me atraviesan el corazón y me dejan sin aliento.   Pienso en la herida en mi mano cuando estuve en la casa abandonada del desierto. El alivio que sentí al verme sangrando, creyendo que seguía vivo, porque muy en lo profundo presentía algo terrible, algo que no quería aceptar. Todo viene a mis pensamientos en un instante; la casa, los dos esqueletos en la cama, el retrato de la mujer con el niño en sus brazos, la catedral, el arroyo, el laberinto, las cúpulas, Tolin, la biblioteca, el centinela, esos libros que me trajeron hasta aquí.
    —Eden, no se decirte que es lo que te depara el futuro, sólo puedo decirte que debes seguir adelante en tu viaje para descubrirlo por ti mismo. Yo puedo mostrarte el camino, pero sólo tu puedes caminar por él. Te ayudaré a llegar a la siguiente parada. Por favor tómense de las manos y cierren los ojos. 
    Lo escucho a lo lejos, estoy demasiado afectado como para comprender lo que me dice. Siento que Árcapas y Aedus me toman las manos y cierran sus ojos. La tranquila noche desaparece y un huracán de viento y tierra cae sobre nosotros. Desaparece el fuego, vuelan los leños, ellos dos me sujetan para evitar salir volando de la azotea. Somos arrastrados al borde del edificio y puedo mirar hacia abajo, donde ya no hay ciudad, ni calles, sólo hay un profundo agujero de donde nace la tempestad que está devorándolo todo. Algo me llama desde su interior. Siento que caigo, la tempestad me traga y me lleva a sus entrañas. 
    Todo es oscuridad a mi alrededor, me siento caer a gran velocidad en el vacío hasta que impacto con algo. Pienso que he muerto en el impacto hasta que recuerdo que ya estoy muerto. Aunque aún sangro, respiro y siento en este mundo de espectros que no parece distinto al mundo real. 
    Siento un frío húmedo y me doy cuenta de que me encuentro bajo el agua. Logro ver una luz y me dirijo hacia ella. Esta me lleva a la superficie y luego desaparece. Floto en las calmas aguas de un mar desconocido. Giro a mi alrededor intentando encontrar una costa donde ir. En un extremo veo unas luces como de una pequeña ciudad. Me dirijo flotando y moviendo mis brazos hacia las luces.
    Llego a una playa de arena y piedras. Estoy agotado y me recuesto. Veo que las luces se extienden desde la costa hacia arriba trepando por un pronunciado declive.  No veo a nadie cerca, me pregunto que habrá pasado con Árcapas y Aedus. Trato de ordenar los sucesos en mi mente. En la azotea no pude llegar a preguntar que es lo que sigue a continuación. Me quedo recostado esperando despertar de esta larga pesadilla.
    Con los ojos cerrados escucho que alguien se acerca. Me levanto y miro a mi alrededor. Veo que desde las luces del poblado alguien se acerca hacia mí de forma lenta. Cuando se aproxima lo suficiente puedo observarlo, es un niño pequeño, se aproxima a mi y me habla.
    —Hola extraño. ¿Cómo te llamas? 
    Es un niño de no más de siete años, de mirada brillante, rostro inocente, vestido con una túnica y sandalias. 
    —Hola pequeño. Me llamo Eden y no se como he llegado aquí. 
    —Yo me llamo Mique. Estás mojado. ¿Has estado nadando?
    —Acabo de salir del mar, estaba en un alto edificio de la ciudad y luego aparecí en estas aguas. 
    —Ahora entiendo. Vienes de arriba, de la ciudad. Hace tiempo que nadie baja de la ciudad según dice mi abuelo. Y esto no es el mar, es un lago subterráneo.
    —¿Aquí estamos bajo la ciudad Mique?
    —Así es Eden. Yo no conozco la ciudad, sólo sé lo que me ha contado mi abuelo, él si la conoce y ha estado allí. Aquí comienza el mundo subterráneo. Este es el poblado más cercana a la superficie. Desde aquí puedes llegar a otras ciudades subterráneas por lo túneles y cavernas.
    —Mique, debo volver arriba a la ciudad, me puedes ayudar a llegar allí por favor.
    —Yo no se como llegar pero sé quien puede ayudarnos. 
    —¿Hablas de tu abuelo? 
    —No, a él es mejor no molestarlo, es muy anciano como para ayudarnos. Te llevaré con Etis, él es quien más sabe del mundo subterráneo. Podrá ayudarte a volver a la ciudad.  
    Sigo a Mique por la playa, rodeando el lago subterráneo, hasta alejarnos de las luces de la costa. Entramos a un túnel por el que caminamos hasta otro túnel que lo cruza en lo que parece un laberinto de pasadizos. Veo que el pequeño conoce muy bien el lugar y no duda en ningún momento. 
    Llegamos a una cámara donde hay tuberías antiguas, tanques y escaleras. Todo se ve inservible y abandonado desde hace tiempo. Subimos por escaleras y pasarelas oxidadas hasta llegar a un cornisa. Desde aquí puedo ver abajo el lago y las luces de la pequeña ciudad a sus orillas. A mi alrededor veo las paredes de piedra. Estamos en una gran bóveda esférica rodeada por granito. Donde miles de almas viven en lo profundo de la tierra sin que nadie lo sospeche en la superficie. 
    Sigo a Mique por una cornisa que nos lleva hasta otro entrada en la roca y de allí  hasta otro túnel. Luego llegamos a otra gran cámara y frente a nosotros hay una estructura de metal gigantesca con cinco grandes tubos. La imagen es increíble, pero parecen las turbinas de una nave enterrada hace milenios en la roca.
    —No tengas miedo, aquí vive Etis, esta es su casa y él es mi amigo. 
    Los dos entramos por uno de los grandes tubos hacia dentro de la nave. No logro ver el final del camino, ni el techo sobre nuestras cabezas. Llegamos al final del tubo y sigo a Mique por unos pasillos metálicos hasta que llegamos a un gran espacio oscuro. No parece haber paredes a nuestro alrededor, soló un gran espacio sin ningún obstáculo o límite. 
    Camino desorientado junto a Mique que avanza con una sonrisa en su rostro. Adelante aparece un pedestal de roca iluminado de distintos colores. Sobre el pedestal aparece una silueta de luz. Mique me toma de la mano y me lleva hacia el pedestal. 
    —Allí está Etis, sígueme.
    Mique saluda a la silueta como si de otro niño se tratara y la forma le contesta.
    —Hola Mique, me alegra el verte otra vez. 
    Lo escucho dentro de mi cabeza. Me doy cuenta de que no ha emitido sonido alguno, se comunica de forma telepática con nosotros.  
    —Eden eres bienvenido, estaba esperando tu llegada. Soy la siguiente parada en tu viaje. Aedus hizo bien en enviarte conmigo. 
    Me pregunto quien es esta silueta de luz sin rostro. Apenas termino de pensar esto presiento que ya fui escuchado.
    —Quien soy será algo difícil de entender para ti. Puedo decirte que soy y no soy, estoy y no estoy aquí.
    Pienso en que es lo que sabe de mí. 
    —Puedo leer en tus pensamientos y ver tu vida pasada. Sé que deseas conocer acerca de ello, aunque no sea lo que necesitas en este momento. 
    —Por favor cuéntame acerca de mi vida, me siento por completo perdido y no estaré en paz hasta saber quien fui antes. 
    —Estás en un momento intermedio entre una vida corporal que terminó y un nuevo comienzo que aún no esta definido. Aedus te envío conmigo para que te enseñara algunas alternativas que tienes para seguir adelante. El te hizo olvidar tu pasado para protegerte, pero yo no creo que saber quien fuiste te haga daño. 
    —Cuéntame
    Dejaste la realidad a los diecisiete años, vivías con tus dos padres que te amaban y cuidaban de ti. Eras hijo único, tenías pasión por el arte y estudiabas música. 
    —¿Qué fue lo que pasó entonces, por qué estoy aquí?
    —Tu vida fue cortada antes de tiempo. A los quince años sufriste una fuerte depresión. Luchaste por dos años con la ayuda de tus padres. Pero el mismo día en que cumpliste diecisiete años te quitaste la vida. Allí fue cuando Aedus te rescató. De no haberlo hecho, corrías un gran peligro. De vagar perdido por siempre en un mundo de tinieblas, sin poder encontrar nunca el camino de salida.
    Caigo al piso enfrente de este ser de pura luz. Mique intenta sostenerme y levantarme pero quedo arrodillado con la cabeza contra el piso intentando respirar. Escucho otra vez su voz dentro de mi cabeza. 
    —Eden no necesitas respirar, eres una proyección del ser que fuiste en tu vida anterior. Si lo desearas podrías cambiar de ropa, de rostro, entender que no necesitas respirar y disfrutar de la paz de tu nuevo estado. 
Lo escucho pero no puedo entenderlo, me siento vivo todavía, necesito respirar y me siento ahogarme. Siento unas manos que me sujetan y me hacer levantarme. Miro hacia adelante y es Etis, veo su luz a mi lado que me calma y me reconforta. Me dice que me siente en el piso y él se sienta enfrente de mí. Nos sujetamos de las manos y me pide que cierre los ojos.
    Al cerrarlos aparezco en otro sitio, estoy en una casa. Me parece reconocerla, estoy en una habitación con una cama, libros, una guitarra. Se acerca una mujer de mediana edad con rostro preocupado y me pregunta como me siento. Soy apenas un espectador y me escucho contestarle que me siento igual, pero no soy yo quien elije esas palabras. 
    Parezco estar recordando algún momento ya vivido. Siento una profunda angustia y tristeza en el ser en el que habito. Escucho la voz de Etis dentro de mi cabeza, me dice que me relaje y que disfrute de esta visita, es todo cuanto el puede entregarme de mi antigua vida. En la habitación entra un hombre que se me acerca con una sonrisa y me dice que hay un lindo día afuera, que sería bueno que saliéramos los tres a caminar por la playa. 
    Me veo cambiarme de ropa, luego voy al baño y puedo verme en el espejo. Me reconozco, es mi rostro el que veo, se me ve enfermo y desgastado. Me veo triste y con la mirada perdida. Al rato me veo dentro de un auto en los asientos traseros, mi padre maneja, mi madre está a su lado y esta tomando mi mano. Llegamos a la playa, salimos del auto, estamos muy abrigados, parece ser un día de otoño o invierno. Ellos dos me abrazan mientras caminamos hacia la orilla. Está despejado y el mar está calmo, siento las olas romper en la orilla, el sonido de las gaviotas que vuelan al rededor. Escucho nuestras pisadas en la arena, ellos me abrazan sonrientes. 
    De repente lo recuerdo todo, toda mi vida aparece ante mi como si despertara de un sueño. Siento que los últimos meses han sido difíciles. Que mis padres ha sufrido demasiado, me siento culpable, aunque no creo haber hecho nada malo. Es que no logro sentirme bien. Me han llevado a varios médicos, me han dado distintas pastillas, siento alguna mejoría, pero luego de un tiempo dejan de hacer efecto y vuelvo a sentir la misma tristeza que no me permite levantarme de la cama. Hace más de un año que no voy a clases. Tengo dieciséis años y estoy todo el día en casa, sin tener amigos. No me siento cómodo con la compañía de nadie, siento apatía por todo. 
    Sólo me siento bien con mis padres, sé que puedo contar con ellos y que me aman. Me siento desolado, creo en lo más profundo de mi ser que no podré superar este estado, que mi vida no tiene sentido, que sólo sirve para hacer sufrir a mis padres. Hace tiempo que no soporto sentirme así, la depresión me tiene subyugado y pienso a menudo en quitarme la vida.
    No puedo decirles esto a mis padres, pero creo que estarán mejor sin mí. Seguimos caminando por la orilla, el sol produce reflejos sobre el mar que lo hacen cambiar de color, entre azul, verde y plateado. Respiro el aire marino, escucho las olas y me siento con ganas de vivir. Pero al mismo tiempo sé que eso durará sólo por un instante, porque luego volveremos a casa y me sentiré otra vez miserable.
    Todo se ilumina cada vez más a mi alrededor. Abro los ojos y estoy frente a Etis. Esa experiencia me ha dejado muy alterado, pero luego de un instante me calmo y experimento una paz como no recuerdo haber experimentado nunca antes. Él me mantiene tomado de sus manos, siento su calor y luz que me cobijan. Vuelvo a cerrar los ojos.
    Ahora veo un escenario que me impacta,  un cielo iluminado por cientos de galaxias a mi alrededor. Siento que asisto al inicio de los tiempos, cuando el universo estaba naciendo,  veo galaxias que se forman entre nebulosas. Soy un ser inmortal nacido con el mismo universo. En mi memoria existen escenas de innumerables estrella que nacen, viajan, envejecen y  colapsan en si mismas. Una danza continua de creación y destrucción que todo lo abarca. 
    En el gran vacío de la inmensidad, donde el tiempo carece de significado, he buscado el sentido de mi existencia. Y lo he encontrado en la maravilla de la vida que busca siempre crecer en cada rincón del universo. Aprendí que la mayoría de las especies que logran tener consciencia de si mismas se sienten frustradas de saber que sus vidas llegarán un día a su fin, los consume el no saber que viene después. 
    Hastiado de inmortalidad y de viajar eones por todo el universo, me detuve hace milenios en este planeta donde conocí a sus nativos y me sentí fascinado por ellos. He intentado  ayudar a los seres que no se adaptan a la superficie del planeta y buscan refugio en las ciudades subterráneas que yo ayudé a construir. Aquí habitan seres corpóreos y quienes abandonan ese estado para pasar a otra fase de su existencia. Con el lugar que me han dado en sus vidas he encontrado un sentido en la mía. Aspiro a seguir ayudando, nunca más apenarme de mi inmortalidad, ya que esta me sirve para ayudar a otros. 
    Abro los ojos y miro a Etis que sigue frente a mi tomado de mis manos. Su luz se ha atenuado un poco y logro ver su rostro, tiene  facciones que me parecen las de un ser sabio y arcaico. 
    —Eden, lamento no poder darte más que estas vivencias. Espero que te sirvan para entender más sobre la existencia en este universo.  
    Busco con mi mirada a Mique y veo que nos observa sonriente. Le sonrío con gratitud.
    —Gracias Etis. Puedo entenderlo, debo seguir adelante. De mi pasado sólo espero que mis padres logren encontrar consuelo en sus vidas, porque se de la manera que ellos me amaron y que yo los amé a ellos.
    —Vuelve con Aedus, él te ayudará a seguir adelante en tu viaje. Cierra tus ojos.
Los cierro y al abrirlos estoy otra vez en la azotea del edificio tomado de las manos de Aedus y Árcapas. La noche ha vuelto a estar calma como si apenas hubieras pasado un instante desde que cerré los ojos por primera vez.