"El arte y la muerte" de Antonin Artaud



¿Quién, en el seno de ciertas angustias, en el fondo de algunos sueños, no conoció la muerte como una sensación destructora y maravillosa con la que nada puede compararse en el orden del espíritu? Hay que haber conocido ese aspirante ascenso a la angustia, cuyas ondas llegan sobre ti y te hinchan como movidas por una insoportable bofetada. Esa angustia que se acerca y se aleja cada vez más grande, cada vez más pesada e impregnada. Es el propio cuerpo que ha llegado al límite de su distención y de sus fuerzas, y que sin embargo debe seguir avanzando. Una suerte de ventosa pegada al alma, cuya aspereza, como si de vitrolo se tratara, corre hasta los últimos límites de lo sensible. Y el alma ni siquiera posee el recurso de quebrarse. Porque esa misma distención es falsa. La muerte no se satisface con tanta facilidad. En el orden físico, esa distención es como la imagen invertida de un encogimiento que debe ocupar el espíritu en toda la extensión del cuerpo vivo. Ese soplo que se suspende es el último, realmente el último.Ya es tiempo de hacer sus cuentas. Ha llegado el minuto tan temido, tan pavoroso. Y es cierto que uno va a morir. Uno espía y regula su aliento. Y el tiempo inmenso rompe por completo en su límite, en una resolución donde no puede dejar de disolverse sin producir huellas.

El arte y la muerte (Fragmento) de Antonin Artaud.

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