"Jardín de niebla" de Damián Furfuro.





Buscamos el empinado sendero que nos llevaría abajo por la pared del barranco.Ya era mediodía y la playa estaba apenas poblada por cangrejos y gaviotas.Tiramos nuestras mochilas y nos echamos junto a ellas en la arena cerca de la orilla. Estuvimos largo rato sentados, mirando las olas romper hasta que se pasó nuestro cansancio y llenamos nuestros ojos de olas y espuma. Jugamos durante horas corriendo y persiguiendo a los cangrejos y gaviotas; solitarios pobladores de la arena. Saltamos al mar y danzamos empujados por la rompiente entre gritos y risas. Después caímos rendidos y sentimos nuestros corazones agitados. Nos vimos aislados y acompañados a la vez; momentos inolvidables que me acompañarían por siempre. Con el atardecer llegó la calma. Ante el mar rojizo, arrullados por el hechizo de su oleaje sin fin, preparamos una fogata. Cristian y yo volvimos a subir y trajimos ramas del bosque. En la playa Mariano encontró madera de viejos pinos, esos que caen del barranco al final de sus vidas. Armamos la carpa junto a la fogata y preparamos todo para pasar la noche.

Jardín de niebla (fragmento) de Damián Furfuro.

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